En el Día del Trabajo, Benito Quinquela Martín – .

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A la hora de asociar el arte argentino a la celebración de la fecha de Fiesta del Trabajoreferirnos a Benito Quinquela Martín. y su historia personal es ineludible. Nació en 1890. Fue abandonado en Casa Cuna ya los siete años fue adoptado por el matrimonio Chinchella: él, un trabajador del puerto genovés, y ella, una entrerriana analfabeta. De este origen humilde en La Boca, fue comparado por el director de la Tate Gallery de Londres con Vicent van Gogh.

Las vicisitudes del curso de su vida han sido ampliamente descritas (y romantizadas). Sería inútil repetirlo. Baste recordar que aun cuando Quinquela se permitió el lujo de exponer en los mejores museos de Europa y Estados Unidos, algunos “cultos críticos” describieron su pintura como “el sonido estridente y nasal de una banda de jazz tartamudeada por un fonógrafo barato”. Pero nada lo detuvo.

Siempre ha sido un luchador. Una vez testificó: “Me he visto obligado a luchar con la pobreza, con el trabajo y con la vida desde que era niño”. Por eso se identifica con el pueblo al que (volviendo a sus palabras) pertenecía. Por eso también sus obras, tras un período inicial en el que realizó paisajes de estilo impresionista, se pueblan de trabajadores portuarios y chimeneas humeantes incluso en los difíciles años 30. Homenaje al trabajo cuando está y nostalgia cuando falta. .

Su amigo, el presidente Marcelo T. de Alvear, le abrió las puertas a su éxito en Europa. Cuando expuso en Italia, unos años antes de la Gran Depresión, un Mussolini fascinado por “il pittore del lavoro” quiso retenerlo en la península para convertirlo en “il mio artist”. Posteriormente, será Perón quien lo seduzca al punto que en 1974 lo condecora ofreciéndole personalmente una réplica del Corvo Sable de San Martín.

Quinquela ignorar los cantos de sirena. Abnegado y filantrópico, volcó sus esfuerzos a su amada república de La Boca donde donó un museo, una escuela, un jardín de infantes y un banco de leche. Los museos de todas las provincias reciben sus obras como donación. Es, por derecho propio, en vida y aún hoy, nuestro artista más popular. Creía en el esfuerzo y la educación como camino para progresar.

Vivió en una Argentina que se había hecho grande gracias al trabajo de oleadas de inmigrantes, como el padre que le puso un apellido que luego nacionalizó; donde la educación asegurara el progreso individual y donde las oportunidades de trabajo auténtico en el campo y en la ciudad florecieran al ritmo de la inversión, todo pagado en un marco de reglas claras, sin privilegios ni regalos. En definitiva, en una Argentina a la que hoy aspiramos.

Entonces mira Benito Quinquela Martín.quien en plena crisis de los años treinta pintó sus chimeneas humeantes, para conmemorar con sus obras este primero de mayo.

Presentamos aquí una selección de obras destacadas de la vasta y fabulosa producción del maestro.

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“Impresión”, óleo sobre tabla 50 x 60 cm. 1918

“Impresión” es una obra temprana de la época en que los sábados por la mañana Quinquela Pintó con su maestro, Alfredo Lazzari, en la isla Maciel. El título que usó repetidamente en ese momento alude a una escuela que luego abandonó. Está firmado “B CHINCHELLA M”, es decir, con el apellido de sus padres adoptivos, a los que castró posteriormente, y con dos de las iniciales del nombre con el que le bautizaron las monjas (Benito Juan Martín).

“En plena labor” óleo sobre cartón de 31 x 45 cm.
“Oporto” óleo sobre lienzo 54 x 72 cm.

“En el trabajo” (1935) y “Puerto” (1940) vino después de sus grandes conquistas internacionales. Triunfó en París, fue elogiado en Roma y comparado con Van Gogh en Londres. En estas obras ya se aprecia su personal impronta de pinceladas más amplias (y de espátula) con una paleta más contrastada y la insinuación del claroscuro que profundizará más adelante. Podemos decir que su pintura se vuelve expresionista.

“Chimeneas en la boca”, aguafuerte de 1940, 53 x 68 cm.

Quinquela hizo un amplio uso de esta técnica de grabado en la que sobresalió primero Rembrandt, luego Canaletto y Goya. Múltiples obras, son accesibles (muchas veces hasta Quinquela las donó) y representan un vector ideal de difusión y un medio para llegar a todos.

Óleo “Atardecer” sobre aglomerado 50 x 60 cm.

“Puesta de sol” es una de las obras características de una época en la que su popularidad contrastaba con la “crítica académica” que la denigraba en su momento. En estos, el maestro utiliza más material que el que modela con una ágil espátula, y el contraste de claroscuro es común.

“Arcos iluminados” óleo sobre tabla 60 x 70 cm

Dentro “Arcos Iluminados” a partir de 1964, vuelve la fiesta de los colores. Es precisamente en el color que siempre ha manejado con audacia donde Quinquela fue finalmente aceptado por unanimidad como un grande de nuestro arte.

*Carlos María Pinasco es consultor de arte.

Día del Trabajo Benito Quinquela Martín

 
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