El fin de la Guardia Nacional – .

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Un soldado de la Guardia Nacional con el cabello -obviamente- ralo, bajo la gorra marrón de camuflaje, flaco de la mandíbula a los pies y con aspecto de alguien que parece que quiere salir de clase para ir al recreo en lugar de alguien. Un hombre con una pistola larga se me acercó desde la ventana del coche Conducía por la carretera de Sonora a Arizona, una carretera donde es común pasar por retenes militares antes de llegar al destino.

“Vete, tenemos que hacer una inspección minuciosa de tu vehículo”, me ordenó. Estaba pensando en lo inútiles que son estas rutinas, pero me rendí. De repente cerró la puerta trasera después de revisar los asientos y caminó hacia mí.

“Una pregunta… tú que eres mujer, ¿sabes lo que me puedo poner en los labios? Estuve días durmiendo en la montaña, nos trajeron de Chiapas en la parte de atrás del vehículo, viajamos a Caborca ​​con mucho viento y frío, luego aquí, y se me ‘rompieron’, dijo.

Recomendarle crema labial no tenía sentido en medio de este desierto, así que le dije que si veía una planta de aloe la cortara y le pusiera el slime adentro. Pero luego miré en mis cosméticos y encontré un brillo claro, se lo di y fue como si le diera un vaso de agua en medio del fregadero.

Estuve meses hablando con los miembros de la Guardia Nacional, esos efectivos que viven a plena luz del día, que ganan lo mínimo, para entender lo que está pasando dentro de esta corporación.

Hace tiempo que vengo trabajando en una ficha en profundidad sobre estas condiciones de vida, porque no son condiciones de trabajo. ¿No ven a sus familias, se llevaron una recompensa?¿En el caso de los que pertenecieron a la extinta policía federal? van una vez al mes a su lugar de origen, y los mantienen en las condiciones mínimas de sobrevivencia.

Si antes ser militar o policía significaba enfrentar una dura realidad, ahora es más por la austeridad de la llamada Cuarta Transformación y por el desprecio que ven los jefes militares en quienes ingresaban y eran policías federales o marinos. Las divisiones internas y el poder económico depositado en el alto mando generan que la GN esté siendo destruida desde dentro.

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Los miembros de la tropa me dicen que van a áreas de alto riesgo sin inteligencia ni estrategia. Duermen en tiendas de campaña, solo tienen un uniforme que apenas pueden lavar, ¿a veces solo comen un trozo de pan con jamón? ¿Me enviaron fotos y un video?, y los tratan como prisioneros en una prisión que resulta ser itinerante. ¿Cómo y por qué continuar?

Gran pregunta. Según datos oficiales, la Guardia Nacional registró 1.914 bajas en menos de tres años, de las cuales 1.477 se debieron a renuncias voluntarias.

Muchos elementos intentan irse, o deciden no estar por varios días, lo que genera sanciones. En 2021 se registraron 7.570 “correcciones disciplinarias”, mientras que en el período de 2016 a 2018 en la Sedena (no hay comparación directa porque no había Guardia Nacional) hubo 2.700 resoluciones ejecutoriadas por hechos que ameritaban ser corregidos.

“Estamos aquí, pero no sabemos por qué; sabemos que tenemos que estar en construcción, hacer lo que nos digan, pero no entendemos el significado”, me dice otro elemento.

Vuelvo a preguntar, ¿por qué continuar? Cuando aumentan las cifras ligadas a la inseguridad, cuando los homicidios son como nunca en la historia. Cuando los delincuentes están mejor protegidos que los ciudadanos.

La pregunta es cuánto tiempo seguirán personajes como el soldado del labio partido de aquí para allá sin las condiciones mínimas de una vida digna defendiendo un país en el que no saben qué hacen, por qué están, ni adónde van.

Twitter: @Sandra_Romandia

fin Guardia Nacional

 
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